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¡Estrés al volante! Riesgos y consecuencias de manejar con la tensión a flor de piel

Conducir es una acción compleja que exige mucho más de lo que parece. Involucra, inevitablemente, el cien por ciento de la capacidad psicológica y física del conductor, toda vez que, requiere de una perfecta concentración y un estado de alerta en todo momento. Es por ello que, un conductor con estrés latente, representa un peligro para él y para cada persona que se le cruce en el camino, aunado a que, las exigencias del tránsito (acentuado en las grandes ciudades) aumentarán, significativamente, la tensión y el enojo en la persona.

El estrés, aseguran psicólogos, es una respuesta del organismo frente a situaciones de agresión externa. En ocasiones, el estrés puede ser beneficioso, por ejemplo haciéndonos más fuertes, rápidos o agresivos ante una potencial amenaza. Sin embargo, el estrés al volante suele ser muy peligroso, toda vez que, se liberan sustancias catecolaminas (adrenalina y noradrenalina), cortisol y encefalina, glucosa en la sangre, aminoácidos libres y factores inmunitarios, como mecanismos de protección, es decir, el organismo, de una u otra forma, se aísla y rechaza el ambiente que lo pone tenso. Situación que, por supuesto, contradice las necesidades para manejar.

Para una persona con estrés, un embotellamiento, el aletargamiento del tráfico, algún semáforo en rojo cuando lleva prisa, cambios en el sentido de las calles, o una manifestación que obstruya toda la avenida, será causa de hipertensión, desórdenes músculo-esqueléticos, hostilidad, efectos adversos en el desempeño cognitivo y ansiedad; estrés que, desencadenará en conductas  agresivas y/0 irresponsables, como por ejemplo: conducir a exceso de velocidad, rebasar por y en lugares prohibidos, cambiar de carril de forma repentina, maniobrar de manera brusca y de improviso, equivocaciones por distracción o ser indeciso frente a un imprevisto.

Todas las situaciones descritas, sin duda, son potenciales generadoras de incidentes que pueden derivar, en muchos casos, en accidentes e, incluso, la muerte. Al respecto, el presidente de la Fundación Española para la Seguridad Vial, Luis Montoro, asegura que, el estrés, duplica la posibilidad de tener un accidente de tránsito, y está presente dentro de un 15 a un 20% en los siniestros que se producen en las calles.

Además, como lo reporta un estudio realizado por IBM, en ciudades tan grandes como la Ciudad de México, el tiempo en el transporte es un factor importante de estrés, ya que, implica llegar tarde, incumplir un compromiso e, incluso, el riesgo de ser despido; según la investigación, tres de cada diez empleados invierte más de 90 minutos de trasladado diariamente, mientras que, el promedio de duración de trayecto es de 28 minutos, en el resto del país.

El tiempo de traslado en las grandes ciudades puede ser de hasta 90 min., en comparación con ciudades pequeñas de 28 min. en promedio.

Y, aunque pudiera parecer insignificante, todo ese tiempo perdido podría significar grandes beneficios económicos para las empresas si se invirtiera en productividad, aseguró el médico de la Universidad Autónoma de Puebla, Fernando González. Así mismo, agrega que, el estrés, causado por el tráfico, puede originar que, en el trabajo, los empleados no se desempeñen de forma correcta, ya que, demostrarán fatiga, cansancio, hambre e, incluso, tendencias depresivas.

Situación que, además, puede generar la aparición, crónica de diversos síntomas como: dolores de cabeza, tics nerviosos, malhumor, problemas digestivos, insomnio, nerviosismo o falta de memoria; Las personas con estrés cotidiano, se vuelven propensas a padecimientos como estreñimiento, gastritis, colitis, úlceras, infecciones intestinales, hemorroides y problemas de parásitos, asegura, por su parte Julio Yunes, Instructor del Curso Optimización del Rendimiento Personal y Manejo del Estrés de la Universidad Iberoamericana.

Aunado a ello, el ruido en las ciudades puede ser otro generador de estrés y, también, de otro tipo de enfermedades. Investigadores suecos, encabezados por el doctor Theo Bodin, concluyeron que, quienes viven cerca de las avenidas con tráfico o circulan a diario por ellas, corren el riesgo de sufrir hipertensión y estar en un estado crónico de estrés que, poco a poco, mina la salud y perjudica el sistema nervioso central que, a la postre, genera problemas de memoria, alteraciones en el ánimo, nerviosismo y falta de concentración.

Como se ha podido leer, el estrés afecta severamente la salud y, si se desarrolla mientras se conduce, parece ser peor. Expertos recomiendan que, si se está en un embotellamiento, lo mejor que se puede hacer es ser consiente del estado en que se encuentra, es decir, saber que el estrés puede nublar la actitud, por lo que, es mejor, relajarse, cambiar de actitud de manera consciente aceptando que en un embotellamiento no hay más que se pueda hacer que esperar. Igualmente, algunos psicólogos recomiendan escuchar música relajante, ya sea clásica o ambiental, parecidas a las empleadas en el Yoga, la meditación o la oración. Y, si se viaja acompañado, tratar de evitar discusiones o ataques de ira, esto sólo empeoraría la situación. De la misma forma, negarse a hablar por teléfono o mantener comunicación vía mensajes de texto o “chateos” celulares, ya que esto sólo aumentaría la distracción y la posibilidad de generar un accidente.

Además, siempre es bueno planificar mejor el tiempo de traslado, aún más, si se tiene que manejar en las famosas “horas pico” o, en algunos casos, utilizar transporte público, puede disminuir gradualmente los niveles de estrés. Asimismo, mentalizarse antes de tomar el transporte e igualmente al llegar al destino, ya sea al trabajo o bien de regreso a casa, tomarse unos minutos para respirar y “aterrizar”, despojarse del estrés experimentado en el automóvil, para no afectar nuestras actividades, ni relaciones personales por efectos provocados por circunstancias externas con la que nada se puede hacer.

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